El hombre en busca de sentido, V. Frankl

índex

Una ración de la herencia del padre de la logoterapia, V. Frankl, no viene nada mal en estas fechas.

Éste es uno de esos libros que merece la pena revisarlo cada cierto tiempo para refrescar valores y obligarnos a hacer un ejercicio de autoanálisis, de reflexión del sentido de nuestras vidas.

Volver a recordar que a pesar de todo no llevamos la cruz más pesada y que somos realmente afortunados.

El autor enfoca la libertad desde un punto de vista espiritual, la “libertad interior”, según la cual “el hombre no es solo producto del entorno sino que tiene capacidad de elección”.

Un ejemplo claro que nos da el autor es que el tipo de persona en que se convertía un prisionero y el conservar o no su dignidad humana era decisión íntima suya.

Así, las personas sensibles acostumbradas a una vida intelectual rica fueron también las que menos sufrieron el daño causado a su ser íntimo a pesar de las nefastas circunstancias físicas y psíquicas en las que se encontraban. Es decir, ejercieron su libertad para soñar, para amar, y para no olvidar su identidad: fueron íntimamente libres.

Al mismo tiempo, expone que esta “libertad interior” no tendría razón de ser si no somos responsables, en tanto en cuanto que en la vida se nos presentan miles de ocasiones para elegir libremente de entre varias opciones, pero sólo cobrará sentido si nuestra elección va acompañada de responsabilidad.

Tanto es así que él explica la teoría de la logoterapia como “la consideración de que la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsables”.

Frankl clasificaba a los humanos en dos razas: la raza de los hombres decentes y la de los indecentes.

El autor divide así a la humanidad, recalcando que podemos encontrar ejemplos de ambas en cada persona.

Podemos ser cerdos y santos a la vez.

De nuestras decisiones depende cuál de estas dos cualidades se manifieste en mayor medida.

El libro refleja un sinfín de cualidades más:

  • La libertad y la dignidad de cada individuo a pesar de sus circunstancias.

  • La generosidad, el valor y la compasión con la que algún guardia había comprado medicamentos de su propio bolsillo para los prisioneros.

  • La indignación ante sucesos no tanto por la crueldad de los mismos sino por el insulto que supone hacia seres semejantes.

  • La creatividad y el espíritu negociador de los prisioneros para encontrar soluciones a los grandes problemas de la vida en el campo: cómo encontrar un alambre para los zapatos, cómo conseguir un trozo de pan o unos cigarrillos extra, cómo establecer buenas relaciones con un capo…

  • El compañerismo, elevado a la máxima potencia entre los prisioneros.

  • La fuerza de voluntad, necesaria para mantenerse con vida y no abandonarse a las circunstancias.

  • El optimismo como voluntad de buscar un sentido a la vida.

  • La valentía para arriesgar la vida en situaciones de extremo peligro.

  • El buen humor como arma de lucha para la supervivencia.

  • La perspectiva necesaria para relativizar la situación de extrema dureza.

  • La paciencia y la incertidumbre de los prisioneros.

  • La apreciación de la belleza de la naturaleza.

  • La discreción del prisionero que quiere pasar desapercibido.

  • El poder de persuasión y la humildad con la que ejercía nuestro protagonista.

  • Al mismo tiempo, la lectura deja en evidencia un buen número de defectos del ser humano.

  • La autoridad desmedida, la maldad, la agresividad y la hipocresía...

¿Feliz reflexión?

Perdón…

¡Felices Fiestas!

Anuncis

Zona de confort

Supongo que mi zona de confort es muy similar a la de cualquier padre o madre de familia de hoy en día.

Con este nuevo rol que nos regalan los hijos, también adquirimos un espíritu conservador que nos empuja a mantenernos en nuestra zona más cómoda, para bien o para mal, pero cómoda.

La sabiduría popular diría aquello de “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”.

Sentir la seguridad que te da la estabilidad laboral, familiar y sentimental, es básico para vivir sin el estrés que genera el temor a errar; y así he disfrutado de los últimos siete años de mi vida gracias al apoyo incondicional de mi marido.

Pero la realidad es que nos toca aprender a vivir en un eterno cambio.

La vida está llena de etapas.

Y ésta en la que me encuentro ahora, me ha parecido un momento muy oportuno para salir de mi zona de confort y zambullirme de lleno en mi zona de aprendizaje a pesar de la incertidumbre y el cambio de hábitos que este gran salto supone.

Este reto que tanto vértigo me da en un principio, se ha visto generosamente motivado por una metodología al alcance de mis posibilidades logísticas, animándome a ganarle el pulso a la tensión emocional y acercándome cada día un poco más a la zona mágica con la que me gusta soñar.

En cualquier caso, si la zona de pánico me superase, intentaré acordarme de aquello que decía Edison: “Muchos fracasos en la vida han sido de hombres que no supieron darse cuenta de lo cerca que estaban del éxito cuando se rindieron”

%d bloggers like this: