Patucos de croché

P1030553

Los primeros patucos de croché los hice con mucha ilusión al descubrir mis progresos en esto de las labores con una sola aguja.

Y los hice feliz, sobretodo, porque mientras intentaba mantener el cálculo mental de varetas, aumentos y disminuciones, no dejaba de pensar en la pequeña personita que los llevaría y que todos esperábamos impacientes.

Bienvenida, Mia.

Anuncis

Amigurumi

A mi modo de ver, el ganchillo se reducía al tapete que mi abuela colocaba sobre la tele, como ornamento, pero también para resguardarla del contacto entre ésta y la pareja de bailaores flamencos que coronaba el aparato. Confieso que nunca entendí su utilidad. Ni decorativa ni protectora.

Pero Sara me hizo descubrir el amigurumi, y ésto es todo un universo.

Fue una merienda que se había pospuesto varias veces, hasta nuestras agendas se cruzaron y por fin pudimos ser recibidos en una casa con olor a familia, a pan recién hecho y sabor a crepes caseras.

Mientras los niños jugaban, Sara aprovechó para enseñarme la facilidad del croché. Me animó a comenzar abriéndome así las puertas a un mundo de creatividad y paciencia.

Navegando, he podido saber que en Japón, más allá de su uso como figurita decorativa o juguete, el objetivo que persiguen los amigurumis es alimentar el espíritu del niño. Según la costumbre, cada uno posee un “alma” que lo convierte en el compañero y confidente de por vida de su dueño. Incluso es usual verlos en las oficinas, al lado de los ordenadores como un símbolo de apego o adorno personal.

Ayer probé suerte a seguir un patrón que encontré online y, viendo que la labor adquiría forma, continué envalentonada.

P1030504

Tan fácil como respirar y tan difícil como dejar que la paciencia se adueñe de uno mismo.

Como podéis adivinar, el rol de madre “ganchillera” a nivel experimental requiere de kilómetros de lana.

¡Considerad éste vuestro punto de recliclaje!

Sara, ¿para cuándo otra de tus clases intensivas?

¡Que esto empieza a ser adictivo!

%d bloggers like this: