Esbart dansaire. ¿Para qué?

Varias veces he sido interrogada acerca de por qué mis hijos forman parte del Esbart Dansaire.

He de reconocer que, al principio, las razones eran de tipo pedagógico.

Es cierto que la danza nos capacitan para convivir en una sociedad cada vez más plural, para cooperar y afrontar conflictos y, en este sentido, en el Esbart de Andorra la Vella la diversidad cultural está garantizada, Además, para bailar hay que ponerse en el lugar del otro y ser capaz de aceptar sus errores y diferencias. El saber adaptarse a las circunstancias y el respetar a los demás son los ingredientes básicos para poder formar parte del grupo de baile.

El tema del folclore popular era otra de las razones. Estamos hablando de que a través de la participación en el Esbart los niños se acercan a la comprensión, el aprecio y la valoración de diferentes manifestaciones artísticas de todo el mundo y entienden el baile como parte del patrimonio cultural de un pueblo.

También, siguiendo con los argumentos que sostenían la adecuación de esta actividad extraescolar, solía hablar de los beneficios que la danza supone para la comprensión del espacio, del propio esquema corporal, de la orientación o del movimiento.

Además, formar parte de un grupo de danza como el Esbart les ayudaría a ser más autónomos, más perseverantes y también más autocríticos (a veces en demasía), dándoles la oportunidad de experimentar mayor seguridad en sí mismos.

Llamadme loca si alego también que el Esbart favorece el aprendizaje de las matemáticas. De remate, ¿verdad? Es un hecho que desde que se ha puesto de moda que los bebés escuchen música clásica para ser unos Einsteins todo pretende ser educativo hasta el punto de la histeria materna colectiva. Pero no es menos cierto que para bailar hay que contar pasos, hay que prever trayectorias, hay que representar formas geométricas que van cambiando a lo largo de las diferentes posiciones que va adquiriendo la danza, hay que interiorizar el ritmo de la música, los compases… ¿Más razones?

Una más, va.

La danza es un lenguaje no verbal que puede llegar a transmitir mucho más que cualquier disertación sobre sus bondades y beneficios.

En cualquier caso, después de todo este tiempo asistiendo a la Llacuna cada miércoles para disfrutar de sesiones con Silvia y Mª Àngels -unas bellísimas personas por cierto-, y coincidir con niños de diferentes edades, escuelas, parroquias, orígenes, lenguas maternas, etc., todas las razones presentadas anteriormente son insignificantes ante el calor, la seguridad, la confianza, el cariño y, en definitiva, la familia que se forma cuando, con las bigatanas bien atadas, suena “El chotis del Jaume Chic” y comienza la danza.

 

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