Zona de confort

Supongo que mi zona de confort es muy similar a la de cualquier padre o madre de familia de hoy en día.

Con este nuevo rol que nos regalan los hijos, también adquirimos un espíritu conservador que nos empuja a mantenernos en nuestra zona más cómoda, para bien o para mal, pero cómoda.

La sabiduría popular diría aquello de “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”.

Sentir la seguridad que te da la estabilidad laboral, familiar y sentimental, es básico para vivir sin el estrés que genera el temor a errar; y así he disfrutado de los últimos siete años de mi vida gracias al apoyo incondicional de mi marido.

Pero la realidad es que nos toca aprender a vivir en un eterno cambio.

La vida está llena de etapas.

Y ésta en la que me encuentro ahora, me ha parecido un momento muy oportuno para salir de mi zona de confort y zambullirme de lleno en mi zona de aprendizaje a pesar de la incertidumbre y el cambio de hábitos que este gran salto supone.

Este reto que tanto vértigo me da en un principio, se ha visto generosamente motivado por una metodología al alcance de mis posibilidades logísticas, animándome a ganarle el pulso a la tensión emocional y acercándome cada día un poco más a la zona mágica con la que me gusta soñar.

En cualquier caso, si la zona de pánico me superase, intentaré acordarme de aquello que decía Edison: “Muchos fracasos en la vida han sido de hombres que no supieron darse cuenta de lo cerca que estaban del éxito cuando se rindieron”

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