El beso de cada noche

Vosotros no lo sabéis, pero el papa lo hace cada noche.

Cuando os dormís, os mira, sonríe y os besa la frente.

Pero no es un beso cualquiera. Cierra los ojos, pone despacito sus labios en vuestra sien y espera a sentir el calor de vuestra sangre en sus labios.

Y entonces ya no estáis en vuestra habitación. Marcháis a un mundo lejano donde sólo existís los tres. Sólo el papa y vosotros, fundidos en un abrazo de colores, en un beso con sabor a vainilla y canela.

Y el papa siente miedo, vértigo de adivinar que pueda existir un lugar, un momento en el que no pueda daros un beso cada noche.

Ahora lo sé.

Sé por qué al final de cada día entras sigilosamente en su habitación: para susurrarles el camino de vuelta a casa, asegurarte que lo conocen bien, y así, puedan volver siempre que quieran a tener tu beso de cada noche.

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