La guerra

A los niños les gusta mirar de vez en cuando unos videos que heredaron de sus amigos Noemí y Nil.

Ayer estuvieron mirando éste:

Y Martí interrumpió su estribillo:

Mama, ¿adónde va el cocodrilo?

– A la guerra

– (…)

– Mama, ¿qué es la guerra?

– (…)

Y en milésimas de segundo me trasladé a mi pueblo, 20 años atrás.

Y lo vi a él, sentado como de costumbre, en la silla que mantenía abierta la puerta del patio.

Allí pasaba mucho tiempo.

Ahora entiendo tantas cosas.

Mientras mis hermanas y yo jugábamos bajo los naranjos o en el arriate, él estaba allí, tranquilo, tímido, callado, pero vigía.

Alguna vez le sorprendimos cantando por lo bajito algún fandango, de esos que cuentan un lamento, un recuerdo.

Su cante se extinguía en cuanto se daba cuenta de que alguna de nosotras estaba poniendo atención.

Creo que cantaba muy bien.

Con cuatro nietas en casa su paciencia era infinita.

– Déjame, que hoy no es mi día- decía.

Tenía dos pequeñas marcas redondas en uno de los muslos. Orificio de entrada y salida de la bala. Recuerdo de la guerra.

No era muy hablador, y no daba detalles del conflicto bélico. Pero sí le gustaba explicarnos las duras condiciones en las que tuvieron que vivir durante los años de posguerra.

Abuelo, ¿y tú mataste a muchos de los que querían matarte a ti?

– Yo, hija, disparaba sin mirar…

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3 Respostes

  1. ¡Ana Marta qué bien escribes! Es una delicia leerte. Tenemos la suerte de haber tenido unos abuelos con unas historias detrás tan impresionantes, nosotros sí que crecimos escuchando historias de la Guerra Civil. Se me ha venido a la mente una imagen de tu abuelo en ese patio, creo que fue una tarde que estuve en tu casa haciendo un trabajo para el colegio. Ya me hubiera gustado escucharle cantando fandangos, al mío también le encantaban. Es precioso que puedas transmitirles estas cosas a tus hijos, la historia de tu familia y la tuya propia. Me muero de ganas de contarles nuestras batallitas. Nací para ser abuelo antes que padre 🙂

    • Ale!
      Me encantó tu última frase.
      Hablar contigo es como viajar en el tiempo.
      Tendrás batallitas para dar y regalar. Ojalá pudieses guardar alguna para explicar a los míos.
      (La del changuing place, mejor para cuando sean un poco más grandes…)
      Un abrazo enorme

  2. Jajaja, tranquila que eso se queda entre nosotros, no es necesario que conozcan todos los detalles de nuestra post-adolescencia. Cuando nos veamos, les cuento millones de historias, de lo que vivo por aquí y de nuestra infancia andaluza. ¿Os veré en Navidad? Beso gigante.

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