Mis niños de cuatro años

He disfrutado mucho de mis hijos, especialmente este último año.

Desde que cumplieron tres que a mi me parece andar entre nubes con ellos, todo negociaciones, todo sonrisas, todo de color de rosa o poco más. Tan fácil…

Pero parece que los cuatro años nada tiene que ver con lo dicho.

Buscando, encontré online el famoso libro “How to parent” del Dr Dodson.

Tengo una ambivalencia con él, me opongo totalmente a ciertos capítulos y a ciertos términos que usa pero me gusta cómo va describiendo las etapas del desarrollo…

Transcribo y tomo buena nota:

El término clave para esta edad es “desorbitado”. Está desorbitado su comportamiento motor. Verbalmente también está desorbitado. Le fascinan las palabras y los sonidos de las palabras. Ahora está aprendiendo por primera vez toda una clase de vocablos que, de ordinario, no son muy bien acogidos por sus padres. Descubre que puede provocar la cólera de sus padres con sólo emplear una de estas gemas. El uso de las palabras “del cuarto de baño” es algo sumamente gracioso para él. Un niño de cuatro años dirá: “Mamà, ¿sabes lo que quiero para merendar? Quiero un bocadillo con zanahorias, helado y…y…¡caca!” en este punto estallará en carcajadas irresistiblemente tentado por la grandeza de su ingenio. Los padres prudentes se abstendrán de reforzar estas palabras enfadándose y dándoles demasiada importancia. En lugar de eso se harán los desentendidos y poco a poco el chiquillo irá perdiendo interés por ellas.
El niño de cuatro años es igualmente desorbitado en sus relaciones personales. Le gusta desafiar las órdenes y los ruegos. Se irrita con las restricciones. A esta edad hay también en él una extraordinaria y súbita explosión de la imaginación. Este es uno de los factores que le impiden discernir con claridad lo real de lo falso. La frontera entre el hecho y la ficción no es muy nítida para él. Está henchido de cuentos prodigiosos que relata con el mayor descaro. Los padres no deben cometer la equivocación de llamarlo embustero a esta edad. Obrar así sería ignorar que lo que en rigor está intentando hacer es distinguir la realidad de la ficción, sin embargo su fantasía se halla sin control en este proceso.
La intensidad de sus impulsos motores es enorme. Sube y baja las escaleras, corretea incansable por toda la casa, cierra las puertas con estrépito. Su propensión a hablar es también muy fuerte. Es un gran charlatán y le encanta conversar acerca de cualquier cosa y en cualquier momento. Es su propio comentarista del mundo y a veces su propio auditorio. Le entusiasma construir palabras tontas y rimar vocablos. Un padre inteligente puede utilizar esta nueva fascinación por el lenguaje para enfrascarse con su hijo en toda suerte de juegos de palabras. El niño de esta edad disfruta especialmente con el humor, la exageración y las rimas disparatadas. En esta línea de juegos se divertirá muchísimo, por ejemplo, con preguntas tales como “¿tienes un elefante en el bolsillo?”
Le gusta la representación y la dramatización escénicas. Puede sacar gran provecho de esos títeres que se mueven con la mano o con los dedos. Se embeberá en prolongadas actuaciones imaginarias dentro y fuera de casa, con tacos de madera, coches, camiones, barcos, muñecas y figuritas de juguete.
La fantasía del niño de cuatro años es imprevisible. Salta de un lado para otro en todas direcciones, sin que él mismo sepa donde va a llegar. La vehemencia de sus impulsos y la fluidez de su organización mental lo conducirán por senderos y vericuetos inesperados. Un niño de cuatro años contesta a la pregunta de su padre acerca de sobre qué está pintando: “¿cómo voy a saberlo?, todavía no he terminado!
El niño de esta edad progresa en la variedad. Necesita cambios de andadura. Una madre avisada tendrá en la mente alguna nueva actividad para interesar a su hijo y sacarlo de una situación potencialmente molesta.
Su impulso social es más fuerte y la importancia que concede a la amistad es mayor que a los tres años. (…)

Pero no todo son dificultades.

Son más independientes, autónomos y seguros.

Les gusta ayudarme con las tareas de la casa y también se ocupan de sus propias cosas.

Tienen muchos amigos y les encanta invitarlos a casa.

Tienen claros sus gustos.

Son sinceros, espontáneos, curiosos.

Y sobretodo son muy, muy responsables.

Una nueva etapa que los hace estar preparados para disfrutar y hacernos disfrutar del bebé que acaba de unirse a la familia.

Gracias, Martí y Sergi, por hacer nuestras vidas tan especiales, tan diferentes y tan llenas de fantasía.

Gracias por hacerlo todo tan fácil.

Feliz Cumpleaños.

La mama

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