Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez

Otro San Valentín más.

Tomando la onomástica como excusa, hemos disfrutado, los cuatro, comiendo en un restaurante de gran influencia francesa.

¡Todo exquisito!

Al llegar a casa, me ha dado tiempo a acabar el libro que tenía entre manos, Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez.

Sencillo y de rica prosa castellana.

El amor, la soledad, la vejez, la juventud, los años perdidos, lo que hubiéramos hecho si hubiéramos sabido…, la vida.

Parece evidente que aquel anciano, que ha sido un insigne y experimentado putañero, nunca se había acostado con una virgen, y no quiere irse del mundo sin hacerlo. Sólo que, desde la primera noche, el anciano sufre una crisis de ternura al ver la niña, de catorce años, desnuda y dormida, y prefiere dedicarse a su contemplación –así, dormida y desnuda–, noche tras noche, durante todo un año.

Pero ese misticismo, mucho más que un simple acto de voyeurismo, se va trocando en un enamoramiento que se pone de manifiesto en aquel nonagenario con el furor de un amor adolescente.

Nunca es tarde para enamorarse, ni para declararlo a los cuatro vientos.

Martí, Sergi, Albert, os quiero mucho.

– ¿Hasta donde?

– …

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