Poesía infantil

“Dos buenos amigos son, el agua y el jabón”

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, decía un antiguo profesor.

Este ha sido nuestro primer pequeño libro de grandes ilustraciones y breves pareados.

Leer un verso y hacer un silencio al final para que los pequeños disfruten completando la rima es darles la oportunidad de crear poesía por sí solos.

Que la adquisición del lenguaje se ve favorecida por las melodías que se les tararea desde la cuna no es ningún secreto.

Así que para amenizar de forma diferente nuestros momentos previos a la hora de marchar a dormir buscamos algo especial y necesitamos ser bien recomendados.

Buscamos un libro de poesía, con grandes y divertidas ilustraciones.

Algo diferente a “La pata mete la pata” de Gloria Fuertes (me perdonen sus incondicionales):

La pata desplumada,
cua, cua, cua,
como es patosa,
cua, cua, cua,
ha metido la pata,
cua, cua, cua,
en una poza.

En cambio recuerdo con cariño aquella de “la vaca estudiosa” de Maria Elena Walsh:

Había una vez una vaca
en la Quebrada de Humahuaca. 
Como era muy vieja, 
muy vieja, estaba sorda de una oreja. 
Y a pesar de que ya era abuela
un día quiso ir a la escuela. 
Se puso unos zapatos rojos,
guantes de tul y un par de anteojos. 
La vio la maestra asustada
y dijo: – Estas equivocada. 
Y la vaca le respondió:
¿Por qué no puedo estudiar yo? 
La vaca, vestida de blanco,
se acomodó en el primer banco. 
Los chicos tirábamos tiza
y nos moríamos de risa. 
La gente se fue muy curiosa
a ver a la vaca estudiosa. 
La gente llegaba en camiones,
en bicicletas y en aviones. 
Y como el bochinche aumentaba
en la escuela nadie estudiaba. 
La vaca, de pie en un rincón,
rumiaba sola la lección. 
Un día toditos los chicos
se convirtieron en borricos. 
Y en ese lugar de Humahuaca 
la única sabia fue la vaca.

¿Por qué no una de Lope de Vega? Aquella de “la niña astuta”:

Un lobito muy zorro 
junto a un cortijo 
se ha encontrado a una niña 
y así le dijo:

– Mira niña,
vente conmigo a mi viña
y te daré uvas y castañas.

Y respondió la niña:
– No, que me engañas.

Por suerte, la temática se extiende mucho más allá del mundo de las vacas, los patos y demás animales de granja con sus respectivas voces onomatopéyicas…

Hay una que nos gusta mucho, “Canción de Maitiña” de Vivanco:

A la orilla del mar,

busco un pez colorado,

como soy chiquitina,

Se me escapan las manos.

Se me escapan las manos,

se me van con la luna,

y las olas que saltan,

me salpican de espuma.

Me salpican de espuma,

y el vestido me mojan,

a la orilla del mar,

¡cómo saltan las olas!

¡Cómo saltan las olas!

¡Cómo llegan saltando!

Con la ola más grande

Viene un pez colorado.

Viene un pez colorado

y no puedo cogerlo.

Como soy chiquitina

se me rompen los dedos.

Abierta queda entonces la puerta/ a toda recomendación/ que acorde nos vaya/ para esta ocasión.

¡Muy agradecidos de antemano!

El papa, la mama, Martí y Sergi

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