Quitar el pañal: cómo y cuándo

Nuestra pequeña y corta experiencia responde:

Cómo?

–  Sin prisas.

– Haciendo oídos sordos a las presiones sociales.

Cuándo?

– Cuando el niño esté preparado.

– Cuando los padres también lo estén.

No sé por qué razón tenía la idea de que el proceso debía ser largo y maloliente. Nada más lejos.

Al cumplir dos años los vi muy interesados en aquel recipiente de plástico y anatómico de color azul que descansaba al lado del bidé y que hasta entonces había logrado desempeñar funciones de gorro, bañera, casa y cama de muñecas y un largo etcétera hasta donde la imaginación alcance: el orinal.

Aconsejada por más de un entendido, aquella mañana y después de dos años y un día de cambiar pañales cada tres horas (de media), decidí despojarlos de su acolchado calzón y cruzar los dedos. A las doce del mediodía, la lavadora vibraba saturada de pantalones, slips, calcetines y zapatos a pares.

Por la tarde, los pañales fueron readmitidos con gran entusiasmo por parte de toda la familia.

Tras la experiencia y siguiendo un nuevo consejo, establecimos unos momentos del día para acudir al baño: al despertar, a media mañana, después de comer y antes de ir a dormir. Y el control de esfínteres sucedió. En todo caso, en aquellos momentos, determinados por la mama o el papa, se sentaban en el orinal…y orinaban!

En este país, en enero hace frío. Hay que ser muy osado para bajarse los pantalones en plena calle y quedarse con el culo al aire. Pero, como dice el dicho: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Así que no esperamos a verano (temporada alta de extracción de pañales, según la sabiduría popular).

Con 26 meses, se levantaron aquella fría y nevada mañana y les dije:

– Hoy la mama no os pondrá el pañal. Si queréis hacer pipí iremos al orinal, de acuerdo?

Los dos asintieron encantados.

Sergi captó el mensaje a la primera, y, tras desayunar, se bajó de la trona y se dirigió al orinal. Increíble pero cierto.

En cambio, Martí no se animó a utilizar el suyo al ver a su hermano en plena faena, y se negó a hacerlo durante toda la mañana.  Tras orinarse encima, como cabía esperar, pidió el pañal y lo tuvo sin que que la mama rechistase lo más mínimo. Al cabo de una semana, fue él mismo quien se bajó los pañales y utilizó orgulloso su orinal azul.

La caca fue harina de otro costal, pero nada más difícil que una pequeña dosis de paciencia.

Acostumbrados a defecar de cuclillas, hacerlo con las posaderas en reposo no era la posición más cómoda, rápida ni fácil. El control de la orina era completo, pero aún hizo falta ensuciar algún que otro pantalón para eclipsar la natura y convertirse en uno más de la comunidad que caga sentado.

En cuanto a los momentos de vigilia, eliminamos el pañal durante la siesta tan punto vimos que cada día despertaba impoluto.

Por las noches aún nos acompaña.

Durante el proceso, un poco de ayuda no nos vino mal, y este simpático cuento escenifica perfectamente aquellos días de transición.

Pascual emula y quiere actuar como aquellos que son sus iguales.

Por ese motivo, el pequeño Pascual quiere dejar el pañal como ya ha hecho su amigo Totó.

Así empieza: Pascual llama a la puerta del cerdito Totó. No contesta nadie. «Eh, Totó», le llama. «Ven a jugar conmigo». Totó está ocupado. «¡Ahora no puedo salir», grita. «Estoy sentado en el orinal!» Pascual entra en la casa. Va a la habitación de Totó. Se entretiene con los juguetes de Totó. Lee un libro de Totó…

Más información:

  • Autor : Bernette Ford
  • Editor : Rba Libros
  • Lengua : Castellano
  • Lanzamiento : 2007
  • Formato : Sin definir
  • Número de páginas : 24
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