¿Libertad de expresión? Todo es relativo, he aquí el gran principio absoluto. Obviamente, los ciudadanos de a pie no acostumbramos a divulgar el color del cristal con el que miramos en un medio de comunicación masivo (…¿blog?). Pero, ¿dónde ha ido a parar la libertad de expresión en su rutina más recíproca? Actualmente la prudencia y el tacto reinan en las conversaciones diarias. Atrás quedaron los cafés de vanguardia en los que se mataba el tiempo, se conspiraba sobre todo, se hablaba de lo que no se sabía, se murmuraba, se reía y se lloraba. Había diálogo, conversación y debate. Había vida y se adquiría la capa imprescindible de la fragilidad humana. ¿Y ahora? ¿Prudencia? No. Naufragio. Desierto. Bitácora.
