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Paella de marisco casera

Marc me dijo que hacía la paella sin cebolla, receta de su abuela. Olía tan bien…

Perpleja quedamos, yo y mi interiorizado “sofrito base” de la cocina mediterránea, a saber: cebolla + pimiento + tomate.

Y como no hay nadie que se contente con el olor solamente…he de confesar que el que desprendía no engañaba.

Mirad qué pinta tenía:

Así que, con la lección bien aprendida, me puse manos a la obra en casa, y he aquí el resultado.

¡Las comparaciones son odiosas!

Sin tu premiso, Marc, puse algunos toques personales.

¡Para opinar tendrás que probarla!

Ingredientes:

  • 1 pimiento rojo
  • 1 pimiento verde
  • 3 tomates maduros
  • 2 calamares medianos
  • 1 kg de mejillones
  • 4 langostinos
  • 4 cigalas
  • 250 gr de almejas
  • 100 gr de guisantes (yo los utilizo congelados)
  • 250 gr de arroz
  • azafrán
  • agua o caldo de pescado
  • sal y pimienta al gusto

Preparación:

Limpiar los mejillones y abrirlos al vapor. Retirar las conchas. Reservar el agua de cocción.

Abrir al vapor las almejas. Reservar el caldo. Utilizar estos líquidos restantes como fumet.

Cortar las verduras en dados del mismo tamaño, para que la cocción sea uniforme.

Lavar y cortar los calamares. A mi me gusta hacerlo en cuadrados en vez de en aros.

Sofreír las verduras junto con las cigalas, los langostinos y los calamares.

Una vez pochada, incorporar el arroz y los guisantes y dejar que se impregnen de todos los aromas.

Si los guisantes son en conserva, se añadirán al final, junto con los mejillones.

Para hidratar el arroz necesitaremos tres medidas de líquido por cada medida de arroz. Dentro de éste cálculo se incluyen los caldos que hemos conseguido con los mejillones y las almejas. El resto se puede complementar con agua o incorporando caldo de pescado.

Añadir el azafrán y salpimentar al gusto.

Dejar cocinar 15 minutos a fuego medio.

Incorporar los mejillones y las almejas y dejar cocinar cinco minutos más.

Apagar el fuego, dejar reposar unos minutos y disfrutar en buena compañía.

Marc, muchas felicidades a los tres. Tenemos muchas ganas de conocer al pequeño Ixent.

¡Disfrutadlo mucho!

Segundo embarazo, tercer bebé.

Si todo va según lo previsto, a finales de septiembre tendremos un niño.

El nombre aún es una incógnita, así que toda propuesta es bien recibida.

Los niños están viviendo el día a día con gran curiosidad.

Están llenos de preguntas por responder, del pasado, del presente y del futuro.

Les encanta que les explique la historia de cuando eran ellos los que estaban dentro y de todo el proceso desde su nacimiento hasta el día de hoy.

Curiosamente, escuchando este relato al que cada día añadimos detalles nuevos, se autoasignan y reparten entre ellos tareas relacionadas con el bebé y sus cuidados. Parece una buena semilla para un futuro próximo.

En cuanto a mi, estoy guapísima.

O al menos, todo el mundo se ha puesto de acuerdo en hacerme saber lo bien que me sienta el estado de buena esperanza, aunque vaya sin peinar o tenga la nariz del color de las amapolas.

De hecho, debo ser la única que se ha percatado de que mi cintura ha desaparecido y tengo una talla más de delantera. Bueno, de esto último hay alguien cercano que sí lo ha notado.

Esta vez no tengo tiempo para leer manuales de bebés.

Mi curso acelerado se está basando en compartir con mis hijos recuerdos, fotos y anécdotas, tan recientes y tan lejanas.

Y revivir juntos aquellos momentos nos hace vivir nuevos momentos inolvidables.

Cazón en adobo

Una de cocina andaluza.

El cazón, pescado poco conocido por estos lares.

Su textura especial, su carne blanca y sobre todo, su bajo precio, han hecho del cazón la base de una gran cantidad de platos populares andaluces.

El cazón frito en adobo, con tomate, en amarillo (con azafrán), en colorao (con pimentón), etc. hacen las delicias de propios y extraños.

¡El plato acabado no sobrevivió a la foto!

Ingredientes:

  • 1 kilo de cazón cortado tamaño bocaditos
  • 4 hojas de laurel
  • 5 dientes de ajos rotos
  • una cucharada de pimentón dulce
  • una cucharada de orégano fresco
  • una cucharadita de comino molido
  • un vaso de vinagre blanco
  • un vaso de agua

Preparación:

Mezclar todos los ingredientes de manera que el cazón quede bien sumergido en el recipiente.

Dejar macerar 24 horas.

En Andalucía se reboza en harina y se fríe en aceite abundante.

En casa lo hacemos a la plancha y es igualmente exquisito.

Degustar bien caliente y, con una cerveza fresquita, mejor.

Al cocinarlo, deja en la cocina una olor a trastienda de caseta de feria… ¡qué recuerdos!

Este año, no podremos ir.

Aprovechando que se celebra en estos días, les dedico este post a toda la familia de la caseta de “Los Bomberos”

¡Marchando una de adobo!

Tortillitas de bacalao de la tita Lola, fotos

Lo prometido es deuda.

Chica, espero tener el visto bueno.

La receta aquí.

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Sin ruedas pequeñas de apoyo

“¡Suéltame, suéltame!”

(Sergi, 3 años y medio)

Dicen que cuando aprendes a montar en bicicleta, lo haces para toda la vida.

Albert y yo tampoco olvidaremos del día de hoy en que los niños aprendieron.

Y no es el orgullo paterno lo que nos hacía estar boquiabiertos contemplando dos niños en equilibrio inestable, sino el ver cómo la sensación de independencia y de crecimiento los inundaba.

¡Felicidades familia!

Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol

Lo acabé.

Quinientas noventa y cinco interminables páginas con una historia curiosa.

Es una novela fácil de leer, pero a la que le cuesta llegar a la acción, haciéndose tediosa en algunos momentos.

Sin embargo, sus personajes bien definidos y dinámicos, las tramas de la protagonista y de todos los que la envuelven, las fabulosas descripciones de París y el tono de optimismo que difunde, me ayudaron a acabar la lectura, disfrutándola.

El argumento gira principalmente sobre los grandes desafíos de la mujer actual: su sitio en la sociedad, las relaciones con el marido, con la madre, con la hermana, con las hijas que atraviesan una adolescencia difícil…

Los ojos amarillos de los cocodrilos esconde un sinfín de reivindicaciones feministas, críticas al materialismo, a la ambición económica desmesurada y a la facilidad con la que se manipulan a los medios de comunicación.

Los personajes femeninos son fuertes, y salen victoriosos en todas sus acciones. En cambio, los masculinos  no corren la misma suerte o se dibujan manipulados por mujeres ¿Novela rosa, ficción? Feminismo abrumador.

A menudo, la autora mezcla en el mismo párrafo la primera persona narrativa con la tercera, siendo el mismo personaje el que habla. Esto me resultaba en muchas ocasiones incómodo. No acabo de entender la razón o el objetivo de la técnica.

He de decir que la traducción es deplorable. No sé en castellano, pero en la quinta edición catalana, hay faltas de ortografía por doquier y en muchos momentos el texto no es fluido, copia estructuras del francés que no acaban de sonar bien.

La protagonista está escribiendo un libro ambientado en el siglo XII, que el lector lee de manera sincronizada con el que tiene entre las manos. Es interesante este juego literario de la novela dentro de la novela pero, ¿era realmente necesario haber de leer decenas y decenas de páginas al respecto? A veces, tanto medievo, castillos, doncellas, trovadores y todo el misticismo que caracteriza a la época me hacían perder el hilo de la historia principal e incluso a dudar de si tanta clase de História con mayúscula no venía a ser un alarde de la escritora.

Sea como fuere, cada día buscaba mi ratito para engancharme a su lectura y  saber más sobre la vida de Joséphine.

Porque por suerte, conozco alguna que otra Joséphine.

Personas sencillas, humildes, llanas, inteligentes, para quienes el reconocimiento social no es el motor de la vida.

Porque en la era del facebook, aún se pueden tener amigos que llegan a casa sin avisar para dar o recibir sin esperar nada a cambio.

Más información:

  • Título: Los ojos amarillos de los cocodrilos
  • Autor: Katherine Pancol
  • Editor: La Esfera
  • ISBN: 9788497349239

Katherine Pancol nació en el año 1954 en Casablanca (Marruecos) cuanto todavía el país norteafricano era territorio francés, y siendo aún una niña se traslado junto a su familia a París. Cursó estudios literarios y se doctoró en letras modernas. Trabajó como profesora de latín y francés antes de iniciar su carrera profesional como periodista colaborando en revistas como Paris Match o Cosmopolitan. Su primera novela, “Moi D’abord” (1979) tuvo un éxito de ventas considerable en Francia y Pancol se trasladó a Nueva York, donde pasó una década formándose en diversos talleres de escritura creativa en la Columbia University. En esta época escribió tres novelas más, “La Barbare” (1981), “Scarlett, si possible” (1985) y “Les hommes cruels ne courant pas les rues” (1990). Sin duda, la novela con más éxito de Katherine Pancol es, hasta el momento, ésta que hoy se reseña aquí “Los ojos amarillos de los cocodrilos”.

Italiensk for begyndere (2000): nou concepte de cinema

Fa més de dos anys teníem un televisor prehistòric al menjador que pesava més de cinquanta quilos segur. Vam aconseguir desfer-nos-en perquè era massa gormand d’espai i sobretot perquè ens feia perdre el temps. Des de llavors hem optat de moment per no reemplaçar-lo tot i podent trobar a la botiga dels indis del costat una súper pantalla plana i lleugera. Avui ens satisfem d’uns quants programes de televisió a la carta des de l’ordenador i optimem els breus espais de temps lliure.

Uns dies de vacances a la platja també és l’ocasió de retrobar-se amb el gust anodí de fer zàping, allargat i inert, reflex que veig que no es perd amb el temps. La Marta passa ràpidament de la televisió per enganxar-se com una paparra entusiasmada a la lectura generalment d’una novel·la. S’aïlla de la pol·lució vomitiva dels moviments sonors del tub catòdic i jo en canvi aguanto com un campió. Arriba sempre el dia que no puc més i agafem unes pel·lícules (DVD) a la biblioteca que no estiguin massa ratllades, per eclipsar el televisor i gaudir tranquil·lament d’un film, sense interrupcions i a hores raonables.

La pel·lícula que vam veure abans de tornar als mil metres d’altitud s’intitula “Italiano para principiantes” (2000). El títol ens va cridar l’atenció i el fet que fos danesa com la nostra amiga Ana també. El film és de cineclub. Sorprèn vivament l’absència total de música, els moviments imprecisos de la càmera sostinguda per la mà i, l’extraordinària realitat de les escenes “al natural.” En aquest punt la pel·lícula mescla els problemes i les ferides profunds dels seus personatges; sentimentals, de comunicació, laborals, del qui viu sol, de l’església luterana i els seus sacerdots (protestant cristiana), separacions, d’alcoholisme, problemes sobre el tema de la mort i l’eutanàsia etc. etc. etc. El film és una bomba que no acaba mai d’explotar. Tan aviat plora com riu. Però és fabulós veure com s’aguanta tot per un fil.

Se m’acut constantment l’adjectiu “cru” per criticar-la…

Ens hem assabentat que aquest tipus de pel·lícula s’inscriu dins d’un moviment desenvolupat l’any 1995 per uns directors danesos que es preocupen de produir un cinema simple, sense modificacions posant especial èmfasi en el desenvolupament dramàtic.

Dogma 95: nou concepte de cinema.

Sin perdón, de Clint Eastwood

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un western.

Una película llena de ese humor ácido característico de Eastwood, con un tono melancólico que fascina al espectador, y que contrasta con la violencia más cruda y las emociones amargas de sus protagonistas.

Una película de hace casi dos décadas que descubrí por casualidad.

Una joya.

El lector (The reader), de Bernhard Schlink

De vacaciones, paso rápidamente por la biblioteca del lugar y escojo unos cuentos infantiles para los niños y unas lecturas para los padres que nos permitan disfrutar con ellas y al mismo tiempo que sean susceptibles de ser acabadas, leyendo en nuestros escuetos ratitos libres, y antes de que tengamos que volver.

Escogí este título porque quería cambiar de registro. Después de la novela de Assa Larsson, me apetecía algo menos negro. Pero me encontré con un libro que no esperaba.

El primer tercio muestra el romanticismo, la fuerza del erotismo, el amor adolescente, el retrato de la Alemania de postguerra… Éste es el hilo conductor de toda la trama, la relación que se establece y perdura entre un adolescente y una señora veinte años mayor.

Pero el resto del libro es de una temática totalmente diferente. Sí, el Holocausto es un elemento principal, pero no considero que sea el transmisor. Las dos últimas terceras partes describe el juicio contra criminales de guerra, cinco mujeres acusadas, entre ellas, Hanna Schmitz así como la sentencia y las repercusiones de ésta para ambos protagonistas.

Encuentro que para ser una lectura de menos de doscientas páginas, condensa demasiados temas en los que el autor no puede profundizar y algunos quedan un poco confusos: el analfabetismo, el sentimiento de vergüenza, los distintos sentimientos de culpa, el arrepentimiento, el impacto que tiene el amor adolescente con una mujer madura sobre la vida del protagonista…

“El Lector” resalta también el sentimiento de culpabilidad del mundo alemán frente al judío, como un pasado que marca el presente de quien no vivió ni participó de ello. Las nuevas generaciones alemanas son consideradas igual de culpables que sus progenitores. En este punto del libro, se abre una visión de lo que tuvo que vivir la gente en la posguerra, cuando ellos luchaban por un futuro mejor, eran vistos solo por su pasado, la nueva generación tuvo que tomar las riendas de su nación y juzgar lo ocurrido.

De tantos temas propuestos y dejados al aire, en mi lectura personal hay uno que ha continuado vivo en cada unos de los capítulos, acciones, decisiones y desenlace, y que finalmente para mi se convierte en la cuestión principal del libro: el problema de la identidad humana y la necesidad de ser reconocido por los demás. Hanna es una especie de Frankenstein, una persona privada de identidad. El drama que nos presenta esta historia se desarrolla más en la lucha interior de la protagonista que en los horrores externos que se narran. El derecho a la supervivencia sea cual fuere la situación, al acogimiento, a la inclusión y al aprecio, necesario para una vida digna y plena.

Un libro con muchas lecturas. Ética, filosofía e historia a profundizar tanto como al lector le apetezca.

Tortillitas de bacalao de la tita Lola

Estamos de vacaciones.

Unos días de sol y calor primaveral en la Costa Dorada son de agradecer cuando llevas meses entre anoraks, montañas y nieve.

Es Jueves Santo, y el día amaneció pasado por agua.

Tengo un bacalao finlandés desalándose en la nevera desde hace dos días.

Qué mejor ocasión para preparar las deliciosas tortillitas de bacalao con la receta de la tita Lola.

Manjar típico andaluz para los días de Cuaresma en los que los fieles creyentes se abstienen de carne, vino y demás.

¡Chica, espero que nos des tu visto bueno!

Plagio tal cual tu receta.

Ingredientes:
250 grs de bacalao.
1 huevo.
100 grs. de harina.
100 grs. de agua del bacalao.
2 dientes de ajo.
2 ramitas de perejil fresco.
1/2 cucharadita de “colorante alimentario” (Yo utilicé azafrán molido).
Un poco de levadura.
Aceite de oliva virgen extra.

Preparación:

Tener 24 horas desalando el bacalao, y la última agua no la tiramos, la reservamos para preparar la masa. (El nuestro estuvo dos días, era muy grueso)

En un bol grande, ponemos el ajo y el perejil picado, el azafrán, el huevo y con un tenedor lo batimos todo.

También se le puede añadir cebolla frita que le da un buen sabor.

Añadimos la harina poco a poco y vamos echando el agua tibia que tenía reservada del bacalao y mezclamos con un tenedor hasta que tenga la consistencia que se desea, como una papilla espesa, añadimos el bacalao desmigado y lo mezclamos todo. Lo dejamos reposar 30 minutos para que los sabores se mezclen bien y la levadura haga su trabajo.

Calentamos el aceite a 180 grados, para que se hagan bien por dentro y queden doraditas por fuera, y con una cuchara sopera vamos sacando la masa y la echamos al aceite, y al caer se irán formando las tortitas redondeadas, si te gustan más gruesas pues le vas echando mas masa encima.

Se deja dorar un poco y le damos la vuelta, y cuando estén, sacar las tortillitas de la sartén y ponedlas sobre papel de cocina para absorber el aceite sobrante y a comer…

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… ¡Las fotos del Know-how a la vuelta de vacaciones!